MIS FAVORITOS

 

EMILY DICKINSON



Emily Dickinson, una de las principales figuras de la literatura norteamericana, vivió una vida austera, sin apenas salir de la casa familiar en la que residió y murió sin ser publicada ni reconocida, al igual que muchísimos otros grandes, conocidos actualmente o no. En su caso, tuvo que pasar más de un siglo para que se diera a conocer su obra.

Entre las pocas personas a las que Emily enseñó sus poemas, se encuentra Susan Gilbert, amiga, compañera y amante de la autora.

De hecho, varios biógrafos apuntan a que Emily le escribió 300 poemas de amor a Susan. 

Lo que quiero decir con esto es que quien ve el mundo a través de la belleza no necesita vender su alma al ego, y el arte que produce es puro y elegante, no está manchado por los intereses o lo obsceno de lo mundano… Entonces, cuando una persona tropieza con una obra de arte sincera,  hecha por y para la expresión de un alma que solo ve el mundo a través de lo bello y no a través de un nombre (como si este fuera el portavoz de una revista publicitaria, del recorrido que otros le marcan, del apremio de las expectativas por otros impuestas, del IBAN de una cuenta bancaria o del agujero de una hucha), y no importa incluso si esa persona que tropieza es de lo más insensible y desvinculada, porque igualmente se dará cuenta, a modo de revelación abstracta e indescriptible, de por qué es bella la belleza.


Aquí les dejo alguna que otra de sus joyas de su antología poética:




«No es que morir nos duela tanto.
Es vivir lo que más nos duele.
Pero el morir es algo diferente,
un algo detrás de la puerta.

La costumbre del pájaro de ir al Sur
-antes que los hielos lleguen
acepta una mejor latitud-.
Nosotros somos los pájaros que se quedan.

Los temblorosos, rondando la puerta del granjero,
mendigando su ocasional migaja
hasta que las compasivas nieves
convencen a nuestras plumas para ir a casa».




“La Esperanza” es esa cosa con plumas —
Que se asienta en el alma —
Y entona la canción sin las palabras —
Y nunca se detiene — del todo —

y más dulce — se escucha — en la Galerna —
Y airada debe estar la tormenta —
que pudo avergonzar al Pajarito
que a tantos les dio abrigo —

Le escuché en la tierra más fría —
y en el más gélido Mar —
pero, nunca, en la Adversidad
Me pidió una sola — migaja.







Yo nadie soy.- ¿Quién eres tú?
-¿Eres nadie también?
Entonces somos dos -¡no lo digas!
Nos han relegado, ¿sabes?

¿¡Qué triste es ser alguien!
¡Vulgar como una rana 
que canta su nombre todo el santo día
a un pantano que aplaude!







En mi flor me he escondido
para que, si en el pecho me llevases,
sin sospecharlo tú también allí estuviera...
Y sabrán lo demás sólo los ángeles.

En mi flor me he escondido
para que, al deslizarme de tu vaso,
tú, sin saberlo, sientas
casi la soledad que te he dejado

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